El PRI sin aliados no gana elecciones y el PAN tampoco
por Héctor B. Parra Rodríguez
18 de enero de 2016

Una vez más queda demostrado que en los procesos electorales el PAN pierde cuando va solo –en algunos estados- y el PRI no gana si no va en alianza electoral con otros partidos. Colima es la prueba contundente de esta “tesis doctoral”.

La noche del domingo pasado, cuando había terminado la jornada electoral, Ricardo Anaya Cortés –líder del PAN-, aparecía en las pantallas de televisión felicitando a su candidato perdedor, pero ¡Oh sorpresa! Lo felicitaba por haber participado como su candidato. No lo felicitó por su triunfo anticipado -como es costumbre- adelantan tendencias electorales; no, esta ocasión fue una rarísima felicitación.

Esa felicitación era la aceptación de la derrota. Jorge Luis Preciado se resistió y no aceptó las tendencias que, por 3 de puntos porcentuales -8 mil votos aproximadamente- auguraban su derrota; descalificaba los resultados del INE, quien se inauguraba con la invasión de funciones al haberse hecho cago de todo el proceso electoral. Fue hasta el día siguiente en que Preciado –el despreciado- públicamente aceptó que perdió las elecciones.

En tanto el jolgorio en el PRI no se hizo esperar y festeja el famélico triunfo, quien acompañado de 3 partidos más, apenas logró sacar una ligera ventaja en la votación. Luego entonces ¿Por qué el festejo? Solos no ganan la elección.

Son los nuevos tiempos de la democracia mexicana. De ahí que Amlo se haya atrevido a comprar su propia franquicia electoral, sabe bien a bien que con un mínimo de votos le permite seguir viviendo del erario público, disfrutar de millones de pesos que por medio del INE recibe y distribuye a su antojo; así es el sistema político mexicano creado por los mismos políticos que usufructúan el poder.

Y el electorado, aun con la mínima participación,  sigue confiando en los partidos políticos, en las promesa de campaña que muchas veces no se cumplen; esperanza que poco a poco se ha ido debilitando, baste ver la pírrica votación en todas las elecciones sean estas municipales, estatales o federales. Y los dueños de los partidos políticos lo saben, de ahí que los triunfos se logran con la raquítica movilización de la militancia, con eso basta para disfrutar del poder que otorgan los triunfos electorales por medio de la “mayoría relativa” que se convierte en la mayoría de las minorías.

Los extremos de la política. De tal suerte que ahora el truculento de Pedro Ferriz Decón, ha pensado en ser candidato a la Presidencia de la República y desde nuestro estado de Querétaro amenazó con crear su plataforma política para ello. Sabe este vividor que podrá recibir “donaciones” en especie o en efectivo que no serán declaradas ni contabilizadas por Hacienda. El negocio de su vida y es que no faltan los inocentes que también crean en estas “candidaturas ciudadanas”.

Ferriz está consciente que no tiene la menor posibilidad de triunfo; y sabe también que podrá recibir grandes cantidades de dinero –incluso sucio- de las cuales disfrutará para volverse a posicionar en los medios de comunicación –esa es su real pretensión- es lo que busca después de que fue despedido por corrupto; primero de la televisión, después de la radio y hoy navega en las redes sociales con unos cuantos seguidores. No se acostumbra a vivir sin los reflectores.

Ni en las mejores democracias del mundo han encontrado la solución a estos problemas de desanimo, de hastío, de rechazo a tanta frustración derivada de la conducta aviesa de muchos de los políticos que asumen cargos gubernamentales. Basta la mínima participación para legalizar y legitimar los proceso electorales. Con las excepciones de la segunda vuelta que resulta otra trampa electoral que permite truculentas alianzas.

Mientras tanto, las normas electorales siguen en manos de quienes gobiernan y el sistema les permite su permanencia; ahí está el claro ejemplo del Partido del Trabajo, quien había sido “dado de baja” con la pérdida del registro debido a la bajísima votación que obtuvo en las pasadas elecciones del 2015, quien  por medio de “artes legales” volvió a recuperar la franquicia y por ende cientos de millones de pesos.

Los partidos políticos están a la caza de las alianzas electorales a fin de asegurar -hasta donde les es posible- los triunfos electorales, no les importan las ideologías; lo pragmático de la política está por encima de cualquier ideología –las cuales ya no existen-; faltan 12 elecciones y otro tanto de gubernaturas en juego para este 2016. Y como la misma legislación permite la “política transversal”, esto les facilita aliarse como se les antoje y con quien se les antoje; veremos partidos unidos en unos estados y rijosos en otros. Por cierto, el PRD en vías de extinción se ha convertido en rémora del PAN para poder subsistir ¡Ésta es la política! ¿A poco no?

Héctor Parra Rodríguez