La memoria histórica y el periodismo
por @DarioDavila
14 de agosto de 2015

Hay ejemplos extraordinarios de reporter@s que están haciendo lo posible en este territorio caliente al sur de México, para enfocar sus historias en las voces invisibles tras la desaparición de los estudiantes de 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa en Iguala, Guerrero.

 

Pero también existe un sector de periodistas dedicado a buscar quién es el culpable directo de la desaparición de los 43 estudiantes. Es decir: sólo estamos prestado atención a los efectos visibles de este conflicto como declaraciones de fiscales, curas y políticos pero no enmarcando correctamente las historias.

Llegamos al punto donde lo extraordinario de la cobertura son fotos de los zapatos manchados de sangre para saber cómo vivían los muchachos, las crónicas del horror en la región y la caravana de los padres de los muchachos por México y Estados Unidos.

El valor agregado de la reportería no se está midiendo por la capacidad del reporter@ para contextualizar históricamente que Guerrero lleva más de 50 años entre guerrillas, caciques convertidos en gobernadores, masacres, conflictos agrarios, peleas de cárteles e indígenas amagados por sicarios para sembrar y cuidar sembradíos de amapola y mariguana.

Sería autoengaño no reconocer que los periodistas también actuamos como combatientes.  Justificamos acciones bélicas o comportamientos agresivos cuando sólo exploramos la superficie de lo que pasa en #Ayotzinapa.

 

La memoria histórica

 Esta cobertura puede llamar a la acción social desde la buena reportería. También romper distancias y promover cambios de políticas. Lograrlo va de la mano de la memoria histórica de los reporter@s y sus editor@s.Recuerdo que a finales del 2006, un grupo de periodistas entre los que estaba Jacinto Rodríguez, Darío Fritz y Juan Veledíaz, pasaban horas enteras en el Archivo General de la Nación. Eran tremendos investigadores de fichas de la extinta Dirección Federal de Seguridad (DFS).

Más de una vez encontré ese brillo en sus ojos cuando tenían en sus manos reportes de espionaje, tortura y desapariciones a finales de los 60 y finales de los 8o. Muchas de ellas en Guerrero. Jacinto me contaba de Miguel Nazar Haro  (ex director de la DFS muerto en 2002) y su creación de la Brigada Blanca o el Grupo Especial, un comando encargado detener, torturar y desparecer guerrilleros con la complicidad del gobierno mexicano.

Quizá necesitamos regresar a la montaña de Guerrero para dejar de confundir conflicto con violencia. Para dejar de prestar atención únicamente en lo visible. Para dejar de practicar un periodismo de guerra y comenzar a hacernos preguntas como:

 

– ¿Cómo están otras regiones de Guerrero expresando sus miedos o resentimientos? 

– ¿Quién más se ve afectado por este conflicto?

– ¿Cómo viven las etnias la violencia en la montaña?

– ¿Estoy incluyendo todas las voces del conflicto?

 

Los ciudadanos de #Guerrero y México merecen que los periodistas -apoyados por la experiencia de otros periodistas y la humildad- reenfoquemos la manera de mirar este conflicto. Y quizá entonces hallaremos también salidas y opciones de paz.